PRESIDENTE SEBASTIAN PIÑERA
INVITA A ACTO POR EL NO EN LA MONEDA
Para hoy, a partir de las 11:00 horas, el Gobierno
convocó a un acto de reflexión por los 30 años del plebiscito:
Como parte de la conmemoración del 5 de octubre de
1988, el Palacio de la Moneda fue iluminado anoche con los colores de la
bandera chilena. El Mercurio
La Tercera
5 DE OCTUBRE – PREPARATIVOS PARA
CELEBRAR 30 AÑOS
El Palacio de Gobierno será iluminado esta noche con
los colores de la bandera con motivo de los 30 años de la histórica consulta.
En foro por aniversario del No, organizado por centros
de estudios progresistas:
Exministra Pascual atribuyó al gobierno de Aylwin la
"desafección" de la ciudadanía. Senador Latorre (RD) apoyó atentado
del FPMR a Pinochet. El Mercurio
En foro por aniversario del No, organizado por centros
de estudios progresistas:
Dirigentes
PC y del Frente Amplio enfrentan visiones de la transición con figuras de la
ex-Concertación - Exministra Pascual atribuyó al gobierno de Aylwin la
"desafección" de la ciudadanía. Senador Latorre (RD) apoyó atentado
del FPMR a Pinochet.
Exalcaldesa y exministra: Tohá
(PPD) expresa crítica al "relato de triunfos de la centroizquierda"
- Hizo reparos a la transición, en foro del Frente Amplio.
"El Mercurio" tuvo acceso a informes de la
época:
Andrés Zaldívar conservó una serie de cartas y
programas que dan cuenta de la preparación del equipo por esos años.
Sondeo de opinión
Mayoría de los consultados sabía qué "se
jugó" en el plebiscito del 5 de octubre.
Según académicos, se aborda con mayor profundidad
desde el año 2009:
Expertos proponen que el hito se debata, pues es una
instancia para que los alumnos respeten las distintas opiniones.
En medio de celebración de 30 años del plebiscito del
No:
Se basa en siete relatos de figuras del partido - "Los
lápices no se mueven solos": la miniserie sobre el plebiscito del No que
lanzó el PC
El Mercurio
En el marco de los 30 años de la elección, el equipo
digital junto a un equipo de alumnos y docentes de la Escuela de Comunicaciones
y Periodismo de la Universidad Adolfo Ibáñez, realizó un especial que recopiló
el antes, durante y después de la jornada que terminó con el triunfo del No.
Revive lo que ocurría en Chile y el mundo el día del
plebiscito
A 30 años del Plebiscito 1988
Fue una pieza clave en el ajedrez político antes,
durante y después de la dictadura. Siempre quiso mostrarse como un empresario
de bajo perfil. Uno de los aspectos más desconocidos –y que ha sido protegido
por quienes debieron conseguir los recursos para levantar la campaña contra el
dictador– es el apoyo financiero que realizó en el tramo final de la cruzada
anti-Pinochet. No es un hecho que conocieran todos al interior del comando,
porque él pidió que esa información fuera guardada con sigilo, incluso más allá
de su muerte. El Mostrador
RELACION CON BOLIVIA –
DESPUES DE FALLO DE CIJ EN LA HAYA
En un video, el ex Presidente Carlos Mesa dio las
razones de forma y fondo que explican el veredicto de la CIJ, al mismo tiempo
que propuso encarar las relaciones con Chile de una "manera nueva" y
"remozada"-
Emol
NUBE
TOXICA SOBRE QUINTERO
Alejandro Castro, líder del Sindicato de
Pescadores C-24 de la comuna de Quintero (Región de Valparaíso) y
activo participante en las protestas por los episodios de contaminación en la
zona, fue hallado muerto este jueves.
El cuerpo del síndico, apodado como "El
Mecha", fue hallado por transeúntes en el sector El Almendral, en una
reja perimetral al costado de una línea férrea a la altura de la Avenida
Errázuriz con Carrera, en la ciudad de Valparaíso, informó El
Desconcierto.
Durante la tarde, se confirmó que la causa de su
muerte por asfixia por ahogamiento, consigna el medio. Cooperativa.cl
IGLESIA CATOLICA
Se acogió orden de no innovar interpuesta por Obispado
de Valparaíso:
Corte
paraliza parcialmente investigación en caso de eventual encubrimiento de abusos
en la Iglesia - Fiscalía Regional de O'Higgins no podrá pedir nuevas
incautaciones, pero sí tomar declaraciones. Juzgado de Garantía de Rancagua no
alcanzó a mandar incompetencia a Santiago. Tampoco se podrá realizar la
audiencia de sobreseimiento definitivo pedida por el cardenal Ricardo Ezzati y
el excanciller Óscar Muñoz. El
Mercurio
AGENDA DE GÉNERO - ACUSACIONES
DE ABUSO SEXUAL Y OTROS TEMAS
FRENTE AMPLIO
Emol.com
CASO SOQUIMICH
TDLC aprueba ingreso de Tianqi a SQM pese a advertencias
sobre grave concentración del mercado
El Mostrador
------------OTROS TEMAS -------------
CULTURA
En la próxima temporada actuarán varios artistas
nacionales que residen en el exterior, entre otros, el violista Roberto Díaz,
el barítono Javier Arrey, los tenores Giancarlo Monsalve y Juan Pablo Dupré y
el director Paolo Bortolameolli.
Es de origen franco-ruandés:
La primera novela de este rapero, "Pequeño
país", ha sido traducida a 30 idiomas y ha vendido más de 700 mil
ejemplares. Cuenta el conflicto entre hutus y tutsis, una historia casi
autobiográfica. La trae Salamandra. El Mercurio
DERECHOS HUMANOS
Una dura respuesta fue la que escribió la
diputada Carmen Hertz (PC), quien a través de su cuenta de Twitter
contestó a los comentarios del escritor Rafael Gumucio de esta
mañana, que en su programa en radio Zero la calificó como la única “afiebrada”
que asegura la existencia de una “deuda en violaciones de derechos humanos”.
Lo anterior en el contexto del aniversario
30º del plebiscito que puso fin a la dictadura y que se conmemora este viernes
5 de octubre. Ante los dichos, la parlamentaria lo calificó como “opinólogo”,
aseguró que los dichos son una “distorsión gigante y descarada” y señaló que
con ellos “niega a los familiares de víctimas, al movimiento DDHH y a quienes
luchan contra impunidad”. El
Desconcierto.cl
ECONOMIA
OBITUARIO
DEFUNCIONES
* Yanett Allendes Ladrón de Guevara
* Isauro Buzeta González
* Andrea Castro Dussert
* Alberto Luciano Donoso Madariaga
* Ángela García Arcos vda. de Bravo
* Leonor González Donoso
* Luis Enrique Ham González
* Cristina Könekamp Kusch
* Claudio Lapostol Maruejouls
* Jaime Lorenzini Correa
* Clarita Maldavsky vda. de Neiman
* René Waldo Martínez Lemoine
* Luis Enrique Ortiz Ortega
* Zulma María Liliana Pérez Núñez
* Eduardo José Retamal Berríos
* Liborio Humberto Rubio Riveros
IN MEMORIAM
* Juan Pablo Mujica Vizcaya
EXPRESIONES DE GRACIAS
* Bernardo Mario Figueroa Vargas
* Cristina Könekamp Kusch El Mercurio
INTERNACIONAL
Nobel
de la Paz premia a dos héroes de la lucha contra la violencia sexual - Ginecólogo
y víctima, respectivamente, Denis Mukwege y Nadia Murad encarnan una causa
planetaria que supera el marco de los conflictos, como evidencia la ola
planetaria MeToo. La Tercera
Perú: Kuczynski
dice que no se arrepiente del indulto a Fujimori El Mercurio
ARGENTINA
Expresidente: Justicia
argentina absuelve a Menem por tráfico de armas El Mercurio
BRASIL
Elecciones presidenciales del domingo
São Paulo La caída del crecimiento después de un
período de boom tiene a 12 millones de personas sin empleo.
Entrevista al presidente de la Fiesp, José Ricardo
Roriz:
São Paulo El empresario asegura que su mayor temor es
que el próximo gobierno no logre realizar las medidas de ajuste más
importantes.
El Mercurio
ESTADOS UNIDOS
Vicepresidente Mike Pence:
El Pentágono estaría preparando un masivo despliegue
aeronaval en el Mar del Sur de China para demostrar fuerza.
EE.UU., Reino
Unido, Países Bajos y la OTAN acusan al Kremlin:
Ámsterdam expuso un intento de ataque a la
Organización para la Prohibición de Armas Químicas, y Washington presentó
cargos contra siete agentes rusos.
Corte Suprema: Senado
alista votación sobre Kavanaugh
El Mercurio
OPINION Y EDITORIALES (una
selección – fragmentos)
Por
treinta años más - Ricardo Lagos E.
La Constitución de Pinochet de 1980
establecía que luego de ocho años más en el poder, se llamaría a plebiscito
para elegir a un candidato designado por la Junta Militar para los siguientes
ocho años. Ese candidato no podía ser otro que Pinochet. Por ello, en 1987 el
Gobierno llamó a inscribirse voluntariamente en los registros electorales y
votar en dicho plebiscito, y el primero en hacerlo fue Augusto Pinochet.
Era notable el concepto: inscribirse en los
registros electorales era voluntario y obviamente todos los pinochetistas
corrieron a hacerlo. De ahí entonces que comenzamos un largo proceso para
también nosotros inscribirnos. No era fácil. Había que partir aceptando la
Constitución ilegítima de Pinochet, “¡Inscripción traición!” gritaron algunos
de los partidarios de todas las formas de lucha y, por esto, no todos los
partidos querían inscribirse. Otros, en cambio, decidimos inscribirnos en los
registros electorales convencidos de que éramos mayoría para derrotar a la
dictadura. Sin embargo, nuestro problema era que necesariamente debíamos crear
un partido político porque todos nuestros referentes —los partidos socialistas,
comunista y liberal— estaban prohibidos por el artículo 8 al considerarse
“partidos marxistas”. Por ello, decidimos inscribir un partido que se llamaría
el Partido por la Democracia (PPD), pensando que iba a ser posible unir a todas
las fuerzas democráticas bajo ese paraguas. Por desgracia, los otros partidos
que estaban en condiciones de inscribirse, como la Democracia Cristiana y el
Partido Radical, lo hicieron por su cuenta. En todo caso, para poder participar
en el plebiscito como izquierda llamamos a constituir el PPD el 15 de diciembre
de 1987 y corrimos contra el tiempo para alcanzar el número de firmas
suficientes para marzo de 1988.
Es decir, teníamos que convencer a aquellos
que ya estaban inscritos en los registros electorales de que necesitábamos su
firma y que declararan su respaldo a un partido anti-Pinochet: había que vencer
el miedo. Lentamente se fueron agrupando aquellos que no creían, pero que
empezaban a hacerlo. Fue allí donde se produjo esta confluencia entre
dirigentes y dirigidos, en una suerte de confianza en que, a pesar de todas las
dificultades, las cosas saldrían bien. Ese era el trasfondo más profundo de
nuestra épica: para ganarle a Pinochet debíamos convencer a millones de
chilenos de que podíamos soñar con un Chile distinto. Es en este sentido que me
parece tan importante a 30 años del triunfo del no, decir que sí; que fue
un triunfo de la Política, con mayúscula.
Algunos creen que con el paso del tiempo es
posible olvidar el verdadero sentido del plebiscito y que fue una elección de
poca trascendencia. ¡No! El plebiscito de 1988 fue el gran parteaguas de la
historia de Chile. Ante la historia, el sí y el no fueron y seguirán siendo
opciones políticas profundamente divergentes. En ellas era un sí y no a la
continuidad de Pinochet y a otros ocho años de tortura y violación a los
derechos humanos. Y ¡ganó el no! Dimos los cómputos tres horas antes de que el
dictador reconociera su derrota porque logramos la organización de todos los
sectores políticos que al final entendieron que la unidad de los demócratas
tenía que ser el reflejo de la expresión más profunda del pueblo chileno y su
voluntad de vencer.
Hoy somos otro Chile. Hay un cierto orgullo
de lo que hemos avanzado, pero acompañado de un gran malestar. Estamos en un
cambio de época en el que se ha transformado la interacción entre el Estado y
los ciudadanos, pasando de una política vertical a una horizontal, en la que el
ciudadano quiere ser escuchado igual que cualquier dirigente político. En este
proceso, en el que la política es horizontal y el ciudadano aspira a más, se ha
perdido la sintonía entre los dirigentes y la sociedad, generando un abismo de
desconfianza e incredulidad. ¿Cómo entonces reencontrarnos 30 años después de
la gran gesta?
Sin confianza en los dirigentes ni en las
instituciones políticas, la argamasa que constituye el diálogo constante, el contrato
social de Rousseau, tiene que recrearse a la luz de las nuevas circunstancias,
entendiendo que a medida que un país progresa, el desarrollo debe llegar a
todos y no a unos pocos. El tremendo progreso técnico que significa la
revolución digital y las nuevas formas de producir son temas que hacen que la
consolidación democrática sea más compleja. La globalización ha implicado un
enorme bienestar desde el punto de vista del crecimiento económico de los
países, pero también ha significado el surgimiento de una profunda desigualdad.
Por eso dijimos, celebremos los 30 años del
no y enfrentemos la situación actual para que en el futuro, en otros 30 años
más, volvamos a tener una gesta épica que nos permita decir que hemos
recuperado la confianza en la política, en sus instituciones, y que acordamos
estrategias sociales que permiten alcanzar una sociedad más igualitaria. Con
este objetivo, desde la Fundación Democracia y Desarrollo iniciamos un diálogo
en las redes sociales con el proyecto 30años+ para recuperar la memoria a
través de relatos sobre la vivencia del no y conversar sobre cómo recuperar esa
confianza (#30MasChile).
A 30 años del no, no solo miremos con nostalgia lo
conseguido, sino que resignifiquemos los principios de ese entonces para volver
a encontrarnos con la confianza ciudadana y consolidar con más fuerzas un
sistema democrático, económico y social que permita que todos los chilenos sean
dueños de su propio destino y de sus sueños, es decir, un país que vuelva a
creer en sus instituciones y en la igual dignidad de cada uno de sus ciudadanos
y ciudadanas. El Pais.com
Más
allá del 5 de octubre y el "No"
.- Genaro Arriagada
La victoria del No
fue el triunfo de la democracia frente a la dictadura en el poder, pero
asimismo frente a los desvaríos -que tan bien ha descrito Eugenio Tironi en
estas mismas páginas- de quienes apostaban a que "todas las formas de
lucha" y el triunfo de una insurrección los llevaran a una
"democracia avanzada", que era el eufemismo con que los comunistas
chilenos llamaban a dictaduras como la cubana o las de Europa Oriental, en ese
momento prontas a hundirse.
Treinta años
después del 5 de octubre enfrentamos un desafío que es similar y distinto a la
vez. Similar, porque son los mismos los valores amenazados, como la democracia;
la validez universal de los derechos humanos; un orden constitucional que
limite el poder para asegurar la vigencia de libertades y derechos. Pero a la
vez es distinto por diversas razones. Porque el actual desafío no es un asalto
desde la izquierda marxista como en los sesenta, ni desde los golpes militares,
como ocurrió con los regímenes de seguridad nacional. Porque el mundo en los
últimos treinta años ha cambiado más que en los cien anteriores, en la ciencia,
la tecnología, la geopolítica, las estructuras de clases: en ese entonces,
todavía no se desplomaba la Unión Soviética, no había internet, la
globalización era un tibio proyecto y China, una potencia de segundo rango.
Pero, sobre todo, porque esta nueva amenaza es política y económica a la vez.
El orden surgido a contar de 1989, cuando Fukuyama proclamó "el fin de la
historia" y el triunfo del capitalismo desregulado en la economía y de la
democracia liberal en lo político, ha empezado a mostrar demasiadas fallas que
incluso algunos de los más destacados intelectuales liberales lo acusan de
estar generando crecientes e inaceptables desigualdades, aumentando el poder
político de los ricos y dejando atrás a los más pobres, los sin trabajo, los
que carecen de servicios de salud, que reciben una educación de tercer nivel
que los fija en la pobreza y reciben pensiones de hambre.
Si la democracia
está hoy amenazada, es, entre otras cosas, porque el liberalismo se ha hecho
conservador, la socialdemocracia está en angustiosa crisis, lo mismo la
democracia cristiana, y, por supuesto, nadie espera una respuesta eficaz de
aquellos socialismos reales que hoy yacen en el basurero de la historia.
Hay un nuevo mundo
que les corresponde a las generaciones más jóvenes crear y al que los más
viejos podemos ayudar a construir, siempre y cuando no tengamos una memoria tan
perfecta y amplia que nos haga, como "Funes el Memorioso", el
maravilloso cuento de Borges, incapaces de pensar, generalizar y
abstraer. El Mercurio 4
Un
mensaje de aliento desde el 5 de octubre
- Ariel Dorfman
En esa ocasión parecía inverosímil que un
tirano tan omnipotente y astuto pudiera perder una contienda que tenía todas
las de ganar. Me acuerdo que muchos enviados internacionales (incluyendo un
corresponsal del New York Times con que conversé) creían que tal hazaña era
imposible. Además de los militares y la policía, Pinochet controlaba el
Ejecutivo y el Legislativo (había abolido ambas ramas del Congreso), y el
amedrentado poder judicial. Sus cómplices civiles, una combinación de la vieja
oligarquía y los “piranhas”, nuevos y voraces millonarios advenedizos que se
habían enriquecido gracias a las políticas neoliberales de los Chicago Boys,
eran dueños absolutos de la economía y de los mayores medios de comunicación.
Más intimidante todavía era el miedo que asolaba a Chile. ¿Cómo podía esperarse
que hombres y mujeres que habían sufrido y presenciado ejecuciones, acosos,
tortura y exilio durante quince interminables años, fueran capaces de superar
un terror tan cotidiano como implacable? ¿Podría una población acostumbrada a
callarse sacar la voz?
La respuesta me la dio una modesta y enjuta
anciana en una población periférica del gran Santiago, un encuentro que ocurrió
unos días antes del referéndum. Como miles de voluntarios pacíficos a lo largo
de Chile, participé en un puerta-a-puerta que tenía por objeto informar a la
gente acerca de sus derechos. Esa tarde, la señora respondió con cautela a mi
presencia, solo invitándome a entrar a su casa cuando estuvo segura de que
nadie en la vecindad nos estaba acechando.
Viendo su desconfianza, le expliqué que
nadie sabría nunca lo que ella había resuelto en la soledad de la cámara
secreta. Durante un buen rato, no respondió ni una palabra, hasta que,
finalmente: “El sabe”, dijo. “Tiene un ojo adentro del lugar donde se vota,
sabe todo lo que hacemos. Y me va a quitar mi fonolita, mi techo, cuando se dé
cuenta de lo que hice”. Aun así, cuando nos despedíamos, susurró unas palabras
de aliento y desafío en mi oído: “Voy a votar contra él. No voy a perder mi
única oportunidad de que se oiga mi voz”.
Unos días más tarde, esa mujer se unió a
casi cuatro millones de sus compatriotas para derrotar a la dictadura. Contra
todos los pronósticos, 56 por ciento del país le notificó al General que sus
días estaban contados. No sería fácil, pero habíamos comenzado el largo, arduo
camino de retorno a la democracia.
Esa noche, acompañado de mi esposa y
nuestros dos hijos, y rodeado de innumerables amigos y vecinos, bailé en las
calles de Santiago, integrándonos a una ola festiva que se desplegó por toda la
nación. Al final de cuentas, nuestro triunfo no fue ni tan extraño ni tan
improbable como los observadores suspicaces habían augurado. Fue un triunfo que
provino de una profunda tradición democrática que la intervención militar no
pudo sofocar, y de la lucha, sacrificio y movilización de centenares de miles
de activistas que acompañaron a personas como aquella anciana en su búsqueda de
la dignidad. Ella supo mirarse en el espejo de su propio coraje, intuyendo de
que algo tan aparentemente frágil como una mano marcando una papeleta solitaria,
un susurro de esperanza y desafío, puede cambiar la maldición de la
historia.
Este es el recuerdo que invoco hoy, desde
los Estados Unidos, cuando su pueblo se pregunta si será posible rescatar esta
democracia apremiada. Me gustaría creer que los ciudadanos de la patria de
Lincoln y Rosa Parks, en circunstancias mucho más auspiciosas que las que
existían en Chile, son tan valientes y devotos de la libertad como esa anciana
en Santiago que logró desterrar la apatía y vencer el temor. Y quiero creer que,
junto a la mayoría de este país donde hoy vivo y al que llamo también mío, voy
a encontrarme bailando en las calles la noche del 6 de noviembre, celebrando
que el fin de la pesadilla que se llama Donald Trump comienza a vislumbrarse. Pagina12.com.ar
5
de octubre: El nacimiento del Chile moderno – Carlos Peña
Hay algo de insatisfactorio en los recuentos
del plebiscito de hace treinta años que por estos días se han visto y oído. Y
es que a veces se reducen a un recuento de los hechos, a la suma yuxtapuesta de
lo que entonces ocurrió (el dedo de Lagos, la actitud renuente del dictador, el
abrazo de Aylwin y Jarpa a la luz del resultado, la conducta del PC); pero como
los hechos no hablan por sí mismos, hacer su recuento sin el esfuerzo de
dilucidar su sentido puede ser una de las peores formas del olvido. El olvido
(dice T.S. Eliot) consiste en tener la experiencia pero haber perdido su
sentido.
Así, entonces, no cabe más que preguntar
¿cuál fue el sentido de eso que ocurrió hace treinta años y que hoy día todos
quieren hacer suyo?
Para responder esa pregunta es
indispensable hacer el esfuerzo de reconstituir el mundo -la serie de
circunstancias- que los chilenos y chilenas de hace treinta años tenían delante
suyo.
El mundo de entonces
Hace treinta años y cuando los chilenos y
chilenas concurrieron al plebiscito, tenían a la vista, aunque apenas lo veían
prefirieran cerrar los ojos, casi diecisiete años de dictadura, con su reguero
de torturas, muertes y desapariciones. A esa fecha nada de eso se desconocía,
aunque había pretextos, múltiples disfraces que permitían desviar la vista. Se
dirá que recordar esto es simplemente exprimir limón en una herida para
vivificar el dolor que ella causa; pero no.
Haga usted el experimento mental de borrar
de su memoria los abusos, los allanamientos masivos en las poblaciones, los
desaparecimientos, las torturas, ¿cree usted que sin todo eso en escorzo, si
por un momento lo borra de su memoria, el panorama de hace treinta años tiene
un sentido fidedigno?¿La subjetividad de los chilenos y chilenas de hace
treinta años es concebible si se le despoja de ese fondo?
Todos saben que no
Sin ese reguero de dolor -esa forma
terrible del sentido-, el cinco de octubre se transforma en un acontecer
racional, una simple elección de régimen político (como querrían ciertos
sectores de la derecha) o una ejecución excelsa y magnífica de una campaña
publicitaria (como se ha querido presentarlo cuando se lo estetiza con fines
pretendidamente artísticos). Por supuesto, quienes votaron Sí dirán que o no
sabían o que prefirieron mirar hacia el futuro en vez de encadenarse al pasado;
pero eso equivale a mala fe en el sentido que Sartre la definió: al intento de
despojar a las propias decisiones de toda responsabilidad en el futuro, a
negarse a ser un agente de la propia conducta.
No cabe duda.
Lo único que hizo que moros y cristianos
-desde liberales al PC- estuvieran por el No fue el rechazo a esos hechos
lacerantes, a ese panorama de dolor.
Un plebiscito acerca del pasado
Si hay algún momento de la historia de
Chile cuya decisión fue acerca del pasado, ese fue el cinco de octubre de hace
treinta años. Por eso no fue, como quiere presentársele hoy, un momento
nacional. Ahí radica su virtud y su vicio, lo digno que ese momento tuvo y las
sombras que todavía arrastra. Ortega y Gasset dice, siguiendo a Renan, que las
naciones no se configuran por el pasado que comparten, sino por el futuro en
común que logran abrazar. El plebiscito de hace treinta años no fue acerca del
futuro, no fue un momento nacional, la constitución o la revalidación de una
comunidad, sino que fue un juicio acerca del pasado, un momento moral, no una
decisión nacional. Y ese momento fue moral tanto para quienes votaron Sí como
para quienes votaron No.
Y ese es el problema que hoy arrastra una
parte -no toda- de la derecha.
Como cada uno es un testigo insobornable de
sí mismo, la derecha, los dirigentes de entonces y de hoy, quienes vociferaban
en favor del dictador cuyos abusos adornaban el horizonte de esos días, los que
argüían en la televisión en su favor atizando el fuego del miedo al desorden, o
la violencia, como si el régimen fuera un pastor de ovejas y no el lobo que
era, decidieron mirar al pasado y cohonestarlo. Tuvieron razones para hacerlo,
desde luego, la confianza en el bienestar que se asomaba, el recuerdo del 73
que una clase vivió como amenaza, fueron algunas de esas razones. Pero el hecho
decisivo, que no es correcto olvidar, es que sopesadas con las violaciones a
los derechos humanos que entonces saltaban a la vista y los oídos, las
prefirieron.
Quedó así instalado uno de los rasgos más
acusados, y subterráneos, del Chile contemporáneo: un bienestar material
creciente cuyo origen estuvo acompañado de lo que es preferible reprimir; esa
mezcla, que se observa en la vida cotidiana, en las encuestas, de entusiasmo y
desilusión.
Los efectos del No
Pero, la verdad sea dicha, al olvido o a la
represión de las violaciones a los derechos humanos contribuyó la propia
propaganda por el No. Y así se cumplió, desde el punto de vista cultural, una
rara convergencia entre quienes votaron Sí y quienes prefirieron el No.
La franja del No, es cosa de recordarla
puesto que la fuerza recurrente de sus jingles resuena fácilmente en la
memoria, fue eficaz para favorecer el voto No; pero de algún modo que los años
que siguieron han revelado, apagaron la fuerza moral que ese voto poseía.
Y es que la memoria fresca de los abusos de
la dictadura fue preterida, pasada en silencio, a favor de un mensaje
estetizado, alegre, que en vez de poner el acento en el pasado al que todos
estaban mirando, hizo una promesa de futuro. No era, sin embargo, una promesa
con contenido preciso, no fue un proyecto, sino que fueron las facciones de una
alegría sin rostro.
Si se le juzga por sus resultados
-Mitterrand reclamó alguna vez indignado: ¡júzguenme por los resultados!-, no
cabe duda de que la estrategia del No con ese mensaje de tarjeta postal, con
esas imágenes desprovistas de cualquier rastro de dolor, despertó la emoción
fácil e imantó por algunos días las voluntades, hizo olvidar el miedo (pero
junto con el miedo espantó también el deseo de castigo de quienes lo causaban)
y permitió derrotar con un lápiz, como se ha dicho, a la dictadura; pero
tampoco cabe duda de que al hacer eso creó una imagen más o menos fantasiosa de
unidad y de futuro que despolitizó la vida común de Chile. De alguna forma, el
mensaje y la estrategia publicitaria del No prefiguraron buena parte del Chile
contemporáneo. Fue uno de esos casos en que el discurso configura
performativamente la conducta colectiva, probando que las palabras no son
inocuas ni inocentes, que con las palabras se producen realidades (como
insistía Austin en la Inglaterra de mediados del veinte).
Porque a fin de cuentas, la franja del No
con su discurso que prefería omitir sin negar explícitamente (pero como todos
saben, a veces omitir lo obvio equivale a negar) las violaciones a los derechos
humanos, los estropicios y los abusos de la dictadura, de alguna manera no
deliberada acabó durante un largo tiempo atando a quienes lo pronunciaron.
Esa fue la transición
No se trató propiamente de una actitud
deliberada, de una omisión débil, y a fin de cuentas cobarde, como a veces hoy
livianamente se la presenta. Fue más complejo que eso. Se trató de la enésima
constatación de que las palabras y los gestos no son inocuos, y que cada uno
acaba configurándose a sí mismo con los gestos que elige tener, los desplantes
que quiere ejecutar, las palabras que prefiere pronunciar, las cosas que
prefiere dejar estacionadas en medio del silencio.
El resto es cosa conocida. Fue el
nacimiento del Chile moderno. En algún sentido, el Chile contemporáneo, su
cultura, el sentido común que circula por aquí y por allá, el leve malestar que
de vez en cuando brota, es el hijo del No, ese No que por sus silencios
inevitables, por sus efectos, para bien o para mal, tuvo a veces un semblante
parecido al Sí.
El Chile moderno
Las tres décadas que han transcurrido desde
entonces -desde ese 5 de octubre cuyo sentido se oculta en las brumas del
tiempo- han sido las más exitosas de la historia de Chile si se las juzga por
las condiciones materiales de la existencia. Nunca como hoy las grandes
mayorías históricamente excluidas habían estado mejor. Nunca hubo más acceso a
bienes materiales y a bienes simbólicos. Cosas que ese 5 de octubre parecían
una quimera -acceso a la educación, a la vivienda, al automóvil, cosas que
estaban negadas casi a la mitad de la población- hoy día forman parte casi
natural de la vida cotidiana.
¿Se habría alcanzado ese resultado si el No
hubiera subrayado los aspectos, por llamarlos así, morales que poseía y que la
franja publicitaria debió, en aras de su éxito, enmudecer?
Es probable que no.
En los años ochenta solió hablarse de los
"costos sociales" del modelo económico -elevación del desempleo,
devaluación de la moneda, empobrecimiento de un número significativo de la
población-, quizá sería hora de decir que la consolidación de ese modelo, la
modernización capitalista, tiene otro tipo de costos. Balzac, en "La
comedia humana", una verdadera crónica de la modernidad al extremo de que
pudo competir con la naciente sociología, dice que en el origen de toda fortuna
se esconde un crimen, y Walter Benjamin, por su parte, observa, en sus
"Tesis sobre la historia", que detrás de todo documento civilizatorio
se esconde un momento de barbarie. Si les creemos a Balzac y a Benjamin, la
modernidad de Chile con su mezcla de progreso y desilusión, nació en ese
momento en que el trauma de las violaciones masivas a los derechos humanos de
la dictadura decidió ser reprimido, en aquel minuto en que se decidió
desproveer al No del sentido que originariamente lo animaba.
¿Pudo ser de otro modo?
Es probable que no, puesto que, como se
sabe, la cultura y el bienestar material descansan sobre un momento de
incomodidad, un fondo pulsional que pugna una y otra vez por salir en la forma
de síntoma y cuya represión es la que permite la existencia de las
instituciones. Cultura y felicidad, observó Freud en el umbral del siglo XX,
nunca van de la mano. Culpa y bienestar social, podría agregarse, tampoco. Y
quizá ahí radique una de las causas de esa rara sensación que las encuestas
constatan una y otra vez, de una sociedad que está cada vez mejor, pero en
cuyos miembros se aloja también una cierta sensación de incomodidad.
La tarea pendiente de Chile -fuera de
encarar la nueva cuestión social que atraviesa el presente, la incorporación de
los grupos medios- consiste en volver la vista atrás, espantar las brumas y
traer a la palabra eso que se ha reprimido, ese secreto de familia que está
detrás de la modernización, eso que todos, la derecha y la izquierda saben: que
la modernización de Chile nació ese cinco de octubre cuando se pronunció la
promesa de bienestar y se adoptó la decisión espontánea de no hablar nunca más
del momento sacrificial que lo haría posible.
El Mercurio
Sería tomar la celebración del aniversario
como una fiesta de unidad en torno a los valores de la democracia, del valor de
las instituciones y del coraje ciudadano.
Sería reconocer que el triunfo del No en el
plebiscito de 1988 no tiene una explicación unidimensional.
Sería una oportunidad para agradecer a una
iglesia comandada por el cardenal Raúl Silva Henríquez comprometida con la
defensa de los derechos humanos ferozmente violentados por una experiencia
inédita de violencia, criminalidad y abusos ejecutada por agentes del Estado.
Hoy todos se reclaman a sí mismos
dueños del NO, incluso los que votaron SÍ y los que no votaron. Quizás ese sea
el verdadero triunfo del NO que deberíamos celebrar 30 años después.
Se dice que eso es despolitizar el NO. Sí,
es cierto, ¿pero qué tendría de malo aquello?
Sería reconocer que la dignidad de Chile se sostuvo
gracias al ejemplo heroico del presidente Allende, a medios de comunicación
como radio Cooperativa, abogados dedicados a la defensa de los derechos
humanos, líderes estudiantiles y sindicales, familiares de las víctimas,
sacerdotes de base, pobladores, exiliados, presos políticos y militantes de
base.
Sería valorar que a pesar de que nunca hubo una total
unidad política a nivel de las dirigencias de los partidos, siempre hubo una
radical convergencia en la sociedad y en especial en los movimientos sociales,
donde siempre primó la unidad en la acción para defender la vida.
Sería reconocer la inteligencia política de la
oposición social y política que optó por, sin legitimarla moralmente, aceptar
la Constitución como un hecho de la causa y aprovechar las rendijas que
ofrecía, especialmente, la oportunidad de derrotar a Pinochet en un plebiscito
diseñado para su ratificación.
Sería reconocer que Pinochet, seguro de su triunfo,
aceptó, inducido por sus colaboradores civiles, dar garantías mínimas
(registros electorales, legalización de partidos políticos y franja televisiva
para la opción NO) que legitimaran el acto electoral y, lo más importante,
forzado por sus mismos aliados militares y civiles, aceptó que no podía
desconocer el resultado del mismo.
Digamos las cosas como son: el triunfo del NO fue
básicamente una gesta ciudadana valiente y sabiamente dirigida por quienes
supieron identificar una estrategia viable.
Su posibilidad estaba dada por el peso de la cultura
institucional y política democrática de Chile y de su pueblo. Así como el Golpe
de Estado de 1973 cuestionó la venerada tradición democrática chilena, el
plebiscito de 1988 la confirmó. Por eso todos celebramos legítimamente el término
de la dictadura y la recuperación de las libertades, porque se trata del
reencuentro de Chile con su tradición democrática. Ese es el verdadero triunfo
del NO. Cooperativa.cl
El No. Celebrar y profundizar la
democracia sin exclusiones Miguel Crispi, diputado RD
https://goo.gl/3rJACq El Mercurio
5 de octubre de 1988 – Carlos Cáceres, ex ministro del Interior 1988-1990
https://goo.gl/3rJACq El Mercurio Fin del Resumen - Viernes 5 de octubre
2018

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