viernes, 5 de octubre de 2018

PRESIDENTE SEBASTIAN PIÑERA INVITA A ACTO POR EL NO EN LA MONEDA

Para hoy, a partir de las 11:00 horas, el Gobierno convocó a un acto de reflexión por los 30 años del plebiscito:
Como parte de la conmemoración del 5 de octubre de 1988, el Palacio de la Moneda fue iluminado anoche con los colores de la bandera chilena.   El Mercurio

La Tercera

       5 DE OCTUBRE – PREPARATIVOS PARA CELEBRAR 30 AÑOS



El Palacio de Gobierno será iluminado esta noche con los colores de la bandera con motivo de los 30 años de la histórica consulta.

Los resultados del plebiscito de 1988 por comuna                                Emol.com
En foro por aniversario del No, organizado por centros de estudios progresistas:
Exministra Pascual atribuyó al gobierno de Aylwin la "desafección" de la ciudadanía. Senador Latorre (RD) apoyó atentado del FPMR a Pinochet.  El Mercurio
En foro por aniversario del No, organizado por centros de estudios progresistas:
Dirigentes PC y del Frente Amplio enfrentan visiones de la transición con figuras de la ex-Concertación - Exministra Pascual atribuyó al gobierno de Aylwin la "desafección" de la ciudadanía. Senador Latorre (RD) apoyó atentado del FPMR a Pinochet.  

Exalcaldesa y exministra: Tohá (PPD) expresa crítica al "relato de triunfos de la centroizquierda" - Hizo reparos a la transición, en foro del Frente Amplio.  

"El Mercurio" tuvo acceso a informes de la época:
Andrés Zaldívar conservó una serie de cartas y programas que dan cuenta de la preparación del equipo por esos años.  

Sondeo de opinión
Mayoría de los consultados sabía qué "se jugó" en el plebiscito del 5 de octubre.  

Según académicos, se aborda con mayor profundidad desde el año 2009:
Expertos proponen que el hito se debata, pues es una instancia para que los alumnos respeten las distintas opiniones.  

En medio de celebración de 30 años del plebiscito del No:

Se basa en siete relatos de figuras del partido - "Los lápices no se mueven solos": la miniserie sobre el plebiscito del No que lanzó el PC                                               El Mercurio


En el marco de los 30 años de la elección, el equipo digital junto a un equipo de alumnos y docentes de la Escuela de Comunicaciones y Periodismo de la Universidad Adolfo Ibáñez, realizó un especial que recopiló el antes, durante y después de la jornada que terminó con el triunfo del No.




Revive lo que ocurría en Chile y el mundo el día del plebiscito








A 30 años del Plebiscito 1988





Fue una pieza clave en el ajedrez político antes, durante y después de la dictadura. Siempre quiso mostrarse como un empresario de bajo perfil. Uno de los aspectos más desconocidos –y que ha sido protegido por quienes debieron conseguir los recursos para levantar la campaña contra el dictador– es el apoyo financiero que realizó en el tramo final de la cruzada anti-Pinochet. No es un hecho que conocieran todos al interior del comando, porque él pidió que esa información fuera guardada con sigilo, incluso más allá de su muerte.   El Mostrador
Post video


RELACION CON BOLIVIA – DESPUES DE FALLO DE CIJ EN LA HAYA


En un video, el ex Presidente Carlos Mesa dio las razones de forma y fondo que explican el veredicto de la CIJ, al mismo tiempo que propuso encarar las relaciones con Chile de una "manera nueva" y "remozada"-

Emol

NUBE TOXICA SOBRE QUINTERO

Alejandro Castro, líder del Sindicato de Pescadores C-24 de la comuna de Quintero (Región de Valparaíso) y activo participante en las protestas por los episodios de contaminación en la zona, fue hallado muerto este jueves.
El cuerpo del síndico, apodado como "El Mecha", fue hallado por transeúntes en el sector El Almendral, en una reja perimetral al costado de una línea férrea a la altura de la Avenida Errázuriz con Carrera, en la ciudad de Valparaíso, informó El Desconcierto.
Durante la tarde, se confirmó que la causa de su muerte por asfixia por ahogamiento, consigna el medio.            Cooperativa.cl





IGLESIA CATOLICA

Se acogió orden de no innovar interpuesta por Obispado de Valparaíso:
Corte paraliza parcialmente investigación en caso de eventual encubrimiento de abusos en la Iglesia - Fiscalía Regional de O'Higgins no podrá pedir nuevas incautaciones, pero sí tomar declaraciones. Juzgado de Garantía de Rancagua no alcanzó a mandar incompetencia a Santiago. Tampoco se podrá realizar la audiencia de sobreseimiento definitivo pedida por el cardenal Ricardo Ezzati y el excanciller Óscar Muñoz.      El Mercurio

AGENDA DE GÉNERO - ACUSACIONES DE ABUSO SEXUAL Y OTROS TEMAS


FRENTE AMPLIO

Emol.com

      CASO SOQUIMICH




  ------------OTROS TEMAS -------------

CULTURA




En la próxima temporada actuarán varios artistas nacionales que residen en el exterior, entre otros, el violista Roberto Díaz, el barítono Javier Arrey, los tenores Giancarlo Monsalve y Juan Pablo Dupré y el director Paolo Bortolameolli.  

Es de origen franco-ruandés:
La primera novela de este rapero, "Pequeño país", ha sido traducida a 30 idiomas y ha vendido más de 700 mil ejemplares. Cuenta el conflicto entre hutus y tutsis, una historia casi autobiográfica. La trae Salamandra.                                      El Mercurio

DERECHOS HUMANOS

Una dura respuesta fue la que escribió la diputada Carmen Hertz (PC), quien a través de su cuenta de Twitter contestó a los comentarios del escritor Rafael Gumucio de esta mañana, que en su programa en radio Zero la calificó como la única “afiebrada” que asegura la existencia de una “deuda en violaciones de derechos humanos”.
Lo anterior en el contexto del aniversario 30º del plebiscito que puso fin a la dictadura y que se conmemora este viernes 5 de octubre. Ante los dichos, la parlamentaria lo calificó como “opinólogo”, aseguró que los dichos son una “distorsión gigante y descarada” y señaló que con ellos “niega a los familiares de víctimas, al movimiento DDHH y a quienes luchan contra impunidad”.      El Desconcierto.cl
ECONOMIA


      OBITUARIO

DEFUNCIONES
* Yanett Allendes Ladrón de Guevara
* Isauro Buzeta González
* Andrea Castro Dussert
* Alberto Luciano Donoso Madariaga
* Ángela García Arcos vda. de Bravo
* Leonor González Donoso
* Luis Enrique Ham González
* Cristina Könekamp Kusch
* Claudio Lapostol Maruejouls
* Jaime Lorenzini Correa
* Clarita Maldavsky vda. de Neiman
* René Waldo Martínez Lemoine
* Luis Enrique Ortiz Ortega
* Zulma María Liliana Pérez Núñez
* Eduardo José Retamal Berríos
* Liborio Humberto Rubio Riveros
IN MEMORIAM
* Juan Pablo Mujica Vizcaya
EXPRESIONES DE GRACIAS
* Bernardo Mario Figueroa Vargas
* Cristina Könekamp Kusch                                    El Mercurio

INTERNACIONAL

Nobel de la Paz premia a dos héroes de la lucha contra la violencia sexual - Ginecólogo y víctima, respectivamente, Denis Mukwege y Nadia Murad encarnan una causa planetaria que supera el marco de los conflictos, como evidencia la ola planetaria MeToo.   La Tercera


ARGENTINA


BRASIL

Elecciones presidenciales del domingo
São Paulo La caída del crecimiento después de un período de boom tiene a 12 millones de personas sin empleo.  

Entrevista al presidente de la Fiesp, José Ricardo Roriz:
São Paulo El empresario asegura que su mayor temor es que el próximo gobierno no logre realizar las medidas de ajuste más importantes.                         El Mercurio






ESTADOS UNIDOS

Vicepresidente Mike Pence:
El Pentágono estaría preparando un masivo despliegue aeronaval en el Mar del Sur de China para demostrar fuerza.  
 EE.UU., Reino Unido, Países Bajos y la OTAN acusan al Kremlin:
Ámsterdam expuso un intento de ataque a la Organización para la Prohibición de Armas Químicas, y Washington presentó cargos contra siete agentes rusos.  

Corte Suprema: Senado alista votación sobre Kavanaugh     El Mercurio
OPINION Y EDITORIALES (una selección – fragmentos)

Por treinta años más  - Ricardo Lagos E.
La Constitución de Pinochet de 1980 establecía que luego de ocho años más en el poder, se llamaría a plebiscito para elegir a un candidato designado por la Junta Militar para los siguientes ocho años. Ese candidato no podía ser otro que Pinochet. Por ello, en 1987 el Gobierno llamó a inscribirse voluntariamente en los registros electorales y votar en dicho plebiscito, y el primero en hacerlo fue Augusto Pinochet.
Era notable el concepto: inscribirse en los registros electorales era voluntario y obviamente todos los pinochetistas corrieron a hacerlo. De ahí entonces que comenzamos un largo proceso para también nosotros inscribirnos. No era fácil. Había que partir aceptando la Constitución ilegítima de Pinochet, “¡Inscripción traición!” gritaron algunos de los partidarios de todas las formas de lucha y, por esto, no todos los partidos querían inscribirse. Otros, en cambio, decidimos inscribirnos en los registros electorales convencidos de que éramos mayoría para derrotar a la dictadura. Sin embargo, nuestro problema era que necesariamente debíamos crear un partido político porque todos nuestros referentes —los partidos socialistas, comunista y liberal— estaban prohibidos por el artículo 8 al considerarse “partidos marxistas”. Por ello, decidimos inscribir un partido que se llamaría el Partido por la Democracia (PPD), pensando que iba a ser posible unir a todas las fuerzas democráticas bajo ese paraguas. Por desgracia, los otros partidos que estaban en condiciones de inscribirse, como la Democracia Cristiana y el Partido Radical, lo hicieron por su cuenta. En todo caso, para poder participar en el plebiscito como izquierda llamamos a constituir el PPD el 15 de diciembre de 1987 y corrimos contra el tiempo para alcanzar el número de firmas suficientes para marzo de 1988.
Es decir, teníamos que convencer a aquellos que ya estaban inscritos en los registros electorales de que necesitábamos su firma y que declararan su respaldo a un partido anti-Pinochet: había que vencer el miedo. Lentamente se fueron agrupando aquellos que no creían, pero que empezaban a hacerlo. Fue allí donde se produjo esta confluencia entre dirigentes y dirigidos, en una suerte de confianza en que, a pesar de todas las dificultades, las cosas saldrían bien. Ese era el trasfondo más profundo de nuestra épica: para ganarle a Pinochet debíamos convencer a millones de chilenos de que podíamos soñar con un Chile distinto. Es en este sentido que me parece tan importante a 30 años del triunfo del no, decir que sí; que fue un triunfo de la Política, con mayúscula.
Algunos creen que con el paso del tiempo es posible olvidar el verdadero sentido del plebiscito y que fue una elección de poca trascendencia. ¡No! El plebiscito de 1988 fue el gran parteaguas de la historia de Chile. Ante la historia, el sí y el no fueron y seguirán siendo opciones políticas profundamente divergentes. En ellas era un sí y no a la continuidad de Pinochet y a otros ocho años de tortura y violación a los derechos humanos. Y ¡ganó el no! Dimos los cómputos tres horas antes de que el dictador reconociera su derrota porque logramos la organización de todos los sectores políticos que al final entendieron que la unidad de los demócratas tenía que ser el reflejo de la expresión más profunda del pueblo chileno y su voluntad de vencer.
Hoy somos otro Chile. Hay un cierto orgullo de lo que hemos avanzado, pero acompañado de un gran malestar. Estamos en un cambio de época en el que se ha transformado la interacción entre el Estado y los ciudadanos, pasando de una política vertical a una horizontal, en la que el ciudadano quiere ser escuchado igual que cualquier dirigente político. En este proceso, en el que la política es horizontal y el ciudadano aspira a más, se ha perdido la sintonía entre los dirigentes y la sociedad, generando un abismo de desconfianza e incredulidad. ¿Cómo entonces reencontrarnos 30 años después de la gran gesta?
Sin confianza en los dirigentes ni en las instituciones políticas, la argamasa que constituye el diálogo constante, el contrato social de Rousseau, tiene que recrearse a la luz de las nuevas circunstancias, entendiendo que a medida que un país progresa, el desarrollo debe llegar a todos y no a unos pocos. El tremendo progreso técnico que significa la revolución digital y las nuevas formas de producir son temas que hacen que la consolidación democrática sea más compleja. La globalización ha implicado un enorme bienestar desde el punto de vista del crecimiento económico de los países, pero también ha significado el surgimiento de una profunda desigualdad.
Por eso dijimos, celebremos los 30 años del no y enfrentemos la situación actual para que en el futuro, en otros 30 años más, volvamos a tener una gesta épica que nos permita decir que hemos recuperado la confianza en la política, en sus instituciones, y que acordamos estrategias sociales que permiten alcanzar una sociedad más igualitaria. Con este objetivo, desde la Fundación Democracia y Desarrollo iniciamos un diálogo en las redes sociales con el proyecto 30años+ para recuperar la memoria a través de relatos sobre la vivencia del no y conversar sobre cómo recuperar esa confianza (#30MasChile).
A 30 años del no, no solo miremos con nostalgia lo conseguido, sino que resignifiquemos los principios de ese entonces para volver a encontrarnos con la confianza ciudadana y consolidar con más fuerzas un sistema democrático, económico y social que permita que todos los chilenos sean dueños de su propio destino y de sus sueños, es decir, un país que vuelva a creer en sus instituciones y en la igual dignidad de cada uno de sus ciudadanos y ciudadanas.  El Pais.com

La victoria del No fue el triunfo de la democracia frente a la dictadura en el poder, pero asimismo frente a los desvaríos -que tan bien ha descrito Eugenio Tironi en estas mismas páginas- de quienes apostaban a que "todas las formas de lucha" y el triunfo de una insurrección los llevaran a una "democracia avanzada", que era el eufemismo con que los comunistas chilenos llamaban a dictaduras como la cubana o las de Europa Oriental, en ese momento prontas a hundirse. 
Treinta años después del 5 de octubre enfrentamos un desafío que es similar y distinto a la vez. Similar, porque son los mismos los valores amenazados, como la democracia; la validez universal de los derechos humanos; un orden constitucional que limite el poder para asegurar la vigencia de libertades y derechos. Pero a la vez es distinto por diversas razones. Porque el actual desafío no es un asalto desde la izquierda marxista como en los sesenta, ni desde los golpes militares, como ocurrió con los regímenes de seguridad nacional. Porque el mundo en los últimos treinta años ha cambiado más que en los cien anteriores, en la ciencia, la tecnología, la geopolítica, las estructuras de clases: en ese entonces, todavía no se desplomaba la Unión Soviética, no había internet, la globalización era un tibio proyecto y China, una potencia de segundo rango. Pero, sobre todo, porque esta nueva amenaza es política y económica a la vez. El orden surgido a contar de 1989, cuando Fukuyama proclamó "el fin de la historia" y el triunfo del capitalismo desregulado en la economía y de la democracia liberal en lo político, ha empezado a mostrar demasiadas fallas que incluso algunos de los más destacados intelectuales liberales lo acusan de estar generando crecientes e inaceptables desigualdades, aumentando el poder político de los ricos y dejando atrás a los más pobres, los sin trabajo, los que carecen de servicios de salud, que reciben una educación de tercer nivel que los fija en la pobreza y reciben pensiones de hambre.
Si la democracia está hoy amenazada, es, entre otras cosas, porque el liberalismo se ha hecho conservador, la socialdemocracia está en angustiosa crisis, lo mismo la democracia cristiana, y, por supuesto, nadie espera una respuesta eficaz de aquellos socialismos reales que hoy yacen en el basurero de la historia. 
Hay un nuevo mundo que les corresponde a las generaciones más jóvenes crear y al que los más viejos podemos ayudar a construir, siempre y cuando no tengamos una memoria tan perfecta y amplia que nos haga, como "Funes el Memorioso", el maravilloso cuento de Borges, incapaces de pensar, generalizar y abstraer. El Mercurio 4

En esa ocasión parecía inverosímil que un tirano tan omnipotente y astuto pudiera perder una contienda que tenía todas las de ganar. Me acuerdo que muchos enviados internacionales (incluyendo un corresponsal del New York Times con que conversé) creían que tal hazaña era imposible. Además de los militares y la policía, Pinochet controlaba el Ejecutivo y el Legislativo (había abolido ambas ramas del Congreso), y el amedrentado poder judicial. Sus cómplices civiles, una combinación de la vieja oligarquía y los “piranhas”, nuevos y voraces millonarios advenedizos que se habían enriquecido gracias a las políticas neoliberales de los Chicago Boys, eran dueños absolutos de la economía y de los mayores medios de comunicación. Más intimidante todavía era el miedo que asolaba a Chile. ¿Cómo podía esperarse que hombres y mujeres que habían sufrido y presenciado ejecuciones, acosos, tortura y exilio durante quince interminables años, fueran capaces de superar un terror tan cotidiano como implacable? ¿Podría una población acostumbrada a callarse sacar la voz?
La respuesta me la dio una modesta y enjuta anciana en una población periférica del gran Santiago, un encuentro que ocurrió unos días antes del referéndum. Como miles de voluntarios pacíficos a lo largo de Chile, participé en un puerta-a-puerta que tenía por objeto informar a la gente acerca de sus derechos. Esa tarde, la señora respondió con cautela a mi presencia, solo invitándome a entrar a su casa cuando estuvo segura de que nadie en la vecindad nos estaba acechando.
Viendo su desconfianza, le expliqué que nadie sabría nunca lo que ella había resuelto en la soledad de la cámara secreta. Durante un buen rato, no respondió ni una palabra, hasta que, finalmente: “El sabe”, dijo. “Tiene un ojo adentro del lugar donde se vota, sabe todo lo que hacemos. Y me va a quitar mi fonolita, mi techo, cuando se dé cuenta de lo que hice”. Aun así, cuando nos despedíamos, susurró unas palabras de aliento y desafío en mi oído: “Voy a votar contra él. No voy a perder mi única oportunidad de que se oiga mi voz”.
Unos días más tarde, esa mujer se unió a casi cuatro millones de sus compatriotas para derrotar a la dictadura. Contra todos los pronósticos, 56 por ciento del país le notificó al General que sus días estaban contados. No sería fácil, pero habíamos comenzado el largo, arduo camino de retorno a la democracia.
Esa noche, acompañado de mi esposa y nuestros dos hijos, y rodeado de innumerables amigos y vecinos, bailé en las calles de Santiago, integrándonos a una ola festiva que se desplegó por toda la nación. Al final de cuentas, nuestro triunfo no fue ni tan extraño ni tan improbable como los observadores suspicaces habían augurado. Fue un triunfo que provino de una profunda tradición democrática que la intervención militar no pudo sofocar, y de la lucha, sacrificio y movilización de centenares de miles de activistas que acompañaron a personas como aquella anciana en su búsqueda de la dignidad. Ella supo mirarse en el espejo de su propio coraje, intuyendo de que algo tan aparentemente frágil como una mano marcando una papeleta solitaria, un susurro de esperanza y desafío, puede cambiar la maldición de la historia. 
Este es el recuerdo que invoco hoy, desde los Estados Unidos, cuando su pueblo se pregunta si será posible rescatar esta democracia apremiada. Me gustaría creer que los ciudadanos de la patria de Lincoln y Rosa Parks, en circunstancias mucho más auspiciosas que las que existían en Chile, son tan valientes y devotos de la libertad como esa anciana en Santiago que logró desterrar la apatía y vencer el temor. Y quiero creer que, junto a la mayoría de este país donde hoy vivo y al que llamo también mío, voy a encontrarme bailando en las calles la noche del 6 de noviembre, celebrando que el fin de la pesadilla que se llama Donald Trump comienza a vislumbrarse.  Pagina12.com.ar


Hay algo de insatisfactorio en los recuentos del plebiscito de hace treinta años que por estos días se han visto y oído. Y es que a veces se reducen a un recuento de los hechos, a la suma yuxtapuesta de lo que entonces ocurrió (el dedo de Lagos, la actitud renuente del dictador, el abrazo de Aylwin y Jarpa a la luz del resultado, la conducta del PC); pero como los hechos no hablan por sí mismos, hacer su recuento sin el esfuerzo de dilucidar su sentido puede ser una de las peores formas del olvido. El olvido (dice T.S. Eliot) consiste en tener la experiencia pero haber perdido su sentido.
Así, entonces, no cabe más que preguntar ¿cuál fue el sentido de eso que ocurrió hace treinta años y que hoy día todos quieren hacer suyo?
Para responder esa pregunta es indispensable hacer el esfuerzo de reconstituir el mundo -la serie de circunstancias- que los chilenos y chilenas de hace treinta años tenían delante suyo.
El mundo de entonces
Hace treinta años y cuando los chilenos y chilenas concurrieron al plebiscito, tenían a la vista, aunque apenas lo veían prefirieran cerrar los ojos, casi diecisiete años de dictadura, con su reguero de torturas, muertes y desapariciones. A esa fecha nada de eso se desconocía, aunque había pretextos, múltiples disfraces que permitían desviar la vista. Se dirá que recordar esto es simplemente exprimir limón en una herida para vivificar el dolor que ella causa; pero no.
Haga usted el experimento mental de borrar de su memoria los abusos, los allanamientos masivos en las poblaciones, los desaparecimientos, las torturas, ¿cree usted que sin todo eso en escorzo, si por un momento lo borra de su memoria, el panorama de hace treinta años tiene un sentido fidedigno?¿La subjetividad de los chilenos y chilenas de hace treinta años es concebible si se le despoja de ese fondo?
Todos saben que no
Sin ese reguero de dolor -esa forma terrible del sentido-, el cinco de octubre se transforma en un acontecer racional, una simple elección de régimen político (como querrían ciertos sectores de la derecha) o una ejecución excelsa y magnífica de una campaña publicitaria (como se ha querido presentarlo cuando se lo estetiza con fines pretendidamente artísticos). Por supuesto, quienes votaron Sí dirán que o no sabían o que prefirieron mirar hacia el futuro en vez de encadenarse al pasado; pero eso equivale a mala fe en el sentido que Sartre la definió: al intento de despojar a las propias decisiones de toda responsabilidad en el futuro, a negarse a ser un agente de la propia conducta.
No cabe duda.
Lo único que hizo que moros y cristianos -desde liberales al PC- estuvieran por el No fue el rechazo a esos hechos lacerantes, a ese panorama de dolor.
Un plebiscito acerca del pasado
Si hay algún momento de la historia de Chile cuya decisión fue acerca del pasado, ese fue el cinco de octubre de hace treinta años. Por eso no fue, como quiere presentársele hoy, un momento nacional. Ahí radica su virtud y su vicio, lo digno que ese momento tuvo y las sombras que todavía arrastra. Ortega y Gasset dice, siguiendo a Renan, que las naciones no se configuran por el pasado que comparten, sino por el futuro en común que logran abrazar. El plebiscito de hace treinta años no fue acerca del futuro, no fue un momento nacional, la constitución o la revalidación de una comunidad, sino que fue un juicio acerca del pasado, un momento moral, no una decisión nacional. Y ese momento fue moral tanto para quienes votaron Sí como para quienes votaron No.
Y ese es el problema que hoy arrastra una parte -no toda- de la derecha.
Como cada uno es un testigo insobornable de sí mismo, la derecha, los dirigentes de entonces y de hoy, quienes vociferaban en favor del dictador cuyos abusos adornaban el horizonte de esos días, los que argüían en la televisión en su favor atizando el fuego del miedo al desorden, o la violencia, como si el régimen fuera un pastor de ovejas y no el lobo que era, decidieron mirar al pasado y cohonestarlo. Tuvieron razones para hacerlo, desde luego, la confianza en el bienestar que se asomaba, el recuerdo del 73 que una clase vivió como amenaza, fueron algunas de esas razones. Pero el hecho decisivo, que no es correcto olvidar, es que sopesadas con las violaciones a los derechos humanos que entonces saltaban a la vista y los oídos, las prefirieron.
Quedó así instalado uno de los rasgos más acusados, y subterráneos, del Chile contemporáneo: un bienestar material creciente cuyo origen estuvo acompañado de lo que es preferible reprimir; esa mezcla, que se observa en la vida cotidiana, en las encuestas, de entusiasmo y desilusión.
Los efectos del No
Pero, la verdad sea dicha, al olvido o a la represión de las violaciones a los derechos humanos contribuyó la propia propaganda por el No. Y así se cumplió, desde el punto de vista cultural, una rara convergencia entre quienes votaron Sí y quienes prefirieron el No.
La franja del No, es cosa de recordarla puesto que la fuerza recurrente de sus jingles resuena fácilmente en la memoria, fue eficaz para favorecer el voto No; pero de algún modo que los años que siguieron han revelado, apagaron la fuerza moral que ese voto poseía.
Y es que la memoria fresca de los abusos de la dictadura fue preterida, pasada en silencio, a favor de un mensaje estetizado, alegre, que en vez de poner el acento en el pasado al que todos estaban mirando, hizo una promesa de futuro. No era, sin embargo, una promesa con contenido preciso, no fue un proyecto, sino que fueron las facciones de una alegría sin rostro.
Si se le juzga por sus resultados -Mitterrand reclamó alguna vez indignado: ¡júzguenme por los resultados!-, no cabe duda de que la estrategia del No con ese mensaje de tarjeta postal, con esas imágenes desprovistas de cualquier rastro de dolor, despertó la emoción fácil e imantó por algunos días las voluntades, hizo olvidar el miedo (pero junto con el miedo espantó también el deseo de castigo de quienes lo causaban) y permitió derrotar con un lápiz, como se ha dicho, a la dictadura; pero tampoco cabe duda de que al hacer eso creó una imagen más o menos fantasiosa de unidad y de futuro que despolitizó la vida común de Chile. De alguna forma, el mensaje y la estrategia publicitaria del No prefiguraron buena parte del Chile contemporáneo. Fue uno de esos casos en que el discurso configura performativamente la conducta colectiva, probando que las palabras no son inocuas ni inocentes, que con las palabras se producen realidades (como insistía Austin en la Inglaterra de mediados del veinte).
Porque a fin de cuentas, la franja del No con su discurso que prefería omitir sin negar explícitamente (pero como todos saben, a veces omitir lo obvio equivale a negar) las violaciones a los derechos humanos, los estropicios y los abusos de la dictadura, de alguna manera no deliberada acabó durante un largo tiempo atando a quienes lo pronunciaron.
Esa fue la transición
No se trató propiamente de una actitud deliberada, de una omisión débil, y a fin de cuentas cobarde, como a veces hoy livianamente se la presenta. Fue más complejo que eso. Se trató de la enésima constatación de que las palabras y los gestos no son inocuos, y que cada uno acaba configurándose a sí mismo con los gestos que elige tener, los desplantes que quiere ejecutar, las palabras que prefiere pronunciar, las cosas que prefiere dejar estacionadas en medio del silencio.
El resto es cosa conocida. Fue el nacimiento del Chile moderno. En algún sentido, el Chile contemporáneo, su cultura, el sentido común que circula por aquí y por allá, el leve malestar que de vez en cuando brota, es el hijo del No, ese No que por sus silencios inevitables, por sus efectos, para bien o para mal, tuvo a veces un semblante parecido al Sí.
El Chile moderno
Las tres décadas que han transcurrido desde entonces -desde ese 5 de octubre cuyo sentido se oculta en las brumas del tiempo- han sido las más exitosas de la historia de Chile si se las juzga por las condiciones materiales de la existencia. Nunca como hoy las grandes mayorías históricamente excluidas habían estado mejor. Nunca hubo más acceso a bienes materiales y a bienes simbólicos. Cosas que ese 5 de octubre parecían una quimera -acceso a la educación, a la vivienda, al automóvil, cosas que estaban negadas casi a la mitad de la población- hoy día forman parte casi natural de la vida cotidiana.
¿Se habría alcanzado ese resultado si el No hubiera subrayado los aspectos, por llamarlos así, morales que poseía y que la franja publicitaria debió, en aras de su éxito, enmudecer?
Es probable que no.
En los años ochenta solió hablarse de los "costos sociales" del modelo económico -elevación del desempleo, devaluación de la moneda, empobrecimiento de un número significativo de la población-, quizá sería hora de decir que la consolidación de ese modelo, la modernización capitalista, tiene otro tipo de costos. Balzac, en "La comedia humana", una verdadera crónica de la modernidad al extremo de que pudo competir con la naciente sociología, dice que en el origen de toda fortuna se esconde un crimen, y Walter Benjamin, por su parte, observa, en sus "Tesis sobre la historia", que detrás de todo documento civilizatorio se esconde un momento de barbarie. Si les creemos a Balzac y a Benjamin, la modernidad de Chile con su mezcla de progreso y desilusión, nació en ese momento en que el trauma de las violaciones masivas a los derechos humanos de la dictadura decidió ser reprimido, en aquel minuto en que se decidió desproveer al No del sentido que originariamente lo animaba.
¿Pudo ser de otro modo?
Es probable que no, puesto que, como se sabe, la cultura y el bienestar material descansan sobre un momento de incomodidad, un fondo pulsional que pugna una y otra vez por salir en la forma de síntoma y cuya represión es la que permite la existencia de las instituciones. Cultura y felicidad, observó Freud en el umbral del siglo XX, nunca van de la mano. Culpa y bienestar social, podría agregarse, tampoco. Y quizá ahí radique una de las causas de esa rara sensación que las encuestas constatan una y otra vez, de una sociedad que está cada vez mejor, pero en cuyos miembros se aloja también una cierta sensación de incomodidad.
La tarea pendiente de Chile -fuera de encarar la nueva cuestión social que atraviesa el presente, la incorporación de los grupos medios- consiste en volver la vista atrás, espantar las brumas y traer a la palabra eso que se ha reprimido, ese secreto de familia que está detrás de la modernización, eso que todos, la derecha y la izquierda saben: que la modernización de Chile nació ese cinco de octubre cuando se pronunció la promesa de bienestar y se adoptó la decisión espontánea de no hablar nunca más del momento sacrificial que lo haría posible.   El Mercurio
Sería tomar la celebración del aniversario como una fiesta de unidad en torno a los valores de la democracia, del valor de las instituciones y del coraje ciudadano. 
Sería reconocer que el triunfo del No en el plebiscito de 1988 no tiene una explicación unidimensional.
Sería una oportunidad para agradecer a una iglesia comandada por el cardenal Raúl Silva Henríquez comprometida con la defensa de los derechos humanos ferozmente violentados por una experiencia inédita de violencia, criminalidad y abusos ejecutada por agentes del Estado.
Hoy todos se reclaman a sí mismos  dueños del NO, incluso los que votaron SÍ y los que no votaron. Quizás ese sea el verdadero triunfo del NO que deberíamos celebrar 30 años después. 
Se dice que eso es despolitizar el NO. Sí, es cierto, ¿pero qué tendría de malo aquello?
Sería reconocer que la dignidad de Chile se sostuvo gracias al ejemplo heroico del presidente Allende, a medios de comunicación como radio Cooperativa, abogados dedicados a la defensa de los derechos humanos, líderes estudiantiles y sindicales, familiares de las víctimas, sacerdotes de base, pobladores, exiliados, presos políticos y militantes de base. 
Sería valorar que a pesar de que nunca hubo una total unidad política a nivel de las dirigencias de los partidos, siempre hubo una radical convergencia en la sociedad y en especial en los movimientos sociales, donde siempre primó la unidad en la acción para defender la vida. 
Sería reconocer la inteligencia política de la oposición social y política que optó por, sin legitimarla moralmente, aceptar la Constitución como un hecho de la causa y aprovechar las rendijas que ofrecía, especialmente, la oportunidad de derrotar a Pinochet en un plebiscito diseñado para su ratificación.
Sería reconocer que Pinochet, seguro de su triunfo, aceptó, inducido por sus colaboradores civiles, dar garantías mínimas (registros electorales, legalización de partidos políticos y franja televisiva para la opción NO) que legitimaran el acto electoral y, lo más importante, forzado por sus mismos aliados militares y civiles, aceptó que no podía desconocer el resultado del mismo. 
Digamos las cosas como son: el triunfo del NO fue básicamente una gesta ciudadana valiente y sabiamente dirigida por quienes supieron identificar una estrategia viable.
Su posibilidad estaba dada por el peso de la cultura institucional y política democrática de Chile y de su pueblo. Así como el Golpe de Estado de 1973 cuestionó la venerada tradición democrática chilena, el plebiscito de 1988 la confirmó. Por eso todos celebramos legítimamente el término de la dictadura y la recuperación de las libertades, porque se trata del reencuentro de Chile con su tradición democrática. Ese es el verdadero triunfo del NO.                              Cooperativa.cl

El No. Celebrar y profundizar la democracia sin exclusiones      Miguel Crispi, diputado RD

5 de octubre de 1988 – Carlos Cáceres, ex ministro del Interior 1988-1990
https://goo.gl/3rJACq El Mercurio             Fin del Resumen  - Viernes 5 de octubre 2018                         

No hay comentarios:

Publicar un comentario